lunes, 16 de junio de 2025

Cartografía de un Orgasmo Perdido

El sexo es una mentira hermosa. Una ficción en carne viva. Nos toma por idiotas y nosotros le aplaudimos. Se disfraza de amor, de encuentro, de redención, pero no es más que una coreografía de desesperados buscando olvidarse por un rato. Yo mismo —sí, yo— acaricio mi sexo como quien busca a Dios en una esquina oscura, como quien tantea un rosario hecho de carne, entre imágenes deformes de amor y calles decrépitas. Lima no es una ciudad: es una cloaca con faroles. Una tumba abierta. Un desfile interminable de desechos humanos envueltos en perfume barato.

Durante un tiempo creí que me observabas desde algún rincón invisible. Que sabías cada paso que daba entre estas ruinas. ¿Dónde te habías metido? ¿Por qué no gritaste cuando más lo necesité? Reaparece ahora, pero no como salvación: vuelve como sombra. Como reflejo del metal oxidado que soy. Todo lo vivido se vuelve hojalata, un eco metálico que resuena en mi cráneo cuando intento recordar por qué sigo respirando.

Nunca te imaginé así: tan cerca, tan ajena, tan indiferente. Acércate, pero no para salvarme —para recordarme por qué quise amarte con la garganta abierta, con la voz desollada por tanto suplicar.

El cansancio se me ha hecho carne. Y un hombre, cuando se rompe, ya no se reconstruye: se arrastra. Vale más saber del dolor que fingir ignorancia. Los años no enseñan nada, pero el sufrimiento, ese sí, cobra peaje. Uno aprende a lamer sus heridas con cierta elegancia, a llevar la gangrena como quien luce una medalla. Ella era bella, y por eso dolía más. Porque todo lo bello, cuando se pierde, arrastra el alma consigo.

El dolor llegó por las tardes, como un ladrón con alas. Pájaros de mirada azul cruzaban el cielo mientras yo me convertía en tierra. Me dolía ser. Me dolía haber sido. Me dolía todo lo que no volvería. Y en medio de ese dolor, regresé —como siempre— al niño que fui. A ese pequeño que aún cree que alguien lo salvará. Que aún espera, iluso, que el amor no sea solo una trampa con forma de cuerpo caliente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

El Disfraz de la Vida se Pinta en Casa

Los días no pasaban, me pasaban por encima como una procesión de verdugos. Condenaban mi alma sin juicio, sin defensa, sin Dios. Volvían cad...